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En 1832, casi inmediatamente después de la proclamación de la independencia belga, se designó a un Cónsul de Bélgica en Buenos Aires. Más tarde, ya en 1914, además de una Legación con un Ministro Plenipotenciario en la Capital Federal, existían 14 puestos consulares belgas en la Argentina. Por su parte, luego de la Revolución de Mayo de 1810, la Argentina también designó a varios Ministros Plenipotenciario encargados de misiones especiales. Los nexos bilaterales se vieron históricamente alimentados y enriquecidos por diversas figuras argentinas y belgas que residieron en uno y en otro país. Argentinos de la talla del prócer José de San Martín (que vivió en Bruselas entre 1824 y 1830), Mariano Balcarce, Miguel Cané, Eduardo Wilde, son sólo algunos ejemplos. A estos se suman los escritores Julio Cortázar –nacido en Bruselas en 1914– y Roberto Payró –vivió en Bélgica entre 1909 y 1923–, quien refleja en varias de sus obras estampas de su permanencia en este país.
Los belgas, por su parte, aportaron una interesante inmigración. Ésta incluyó desde comerciantes de Amberes a otras personalidades que dejaron sus rastros en distintos quehaceres y en diferentes épocas. Así como varios argentinos se formaron en universidades belgas, como la de Lovaina y la Universidad Libre de Bruselas, muchos profesionales belgas ejercieron sus especialidades en la Argentina. ![]() |